El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

martes, 14 de abril de 2015

Alcalde de Villa y Corte



Twitteando con escopeta (162)

Antonio Miguel Carmona, que todavía no tiene la vara de alcalde, se dedica a darnos la vara, con machacona insistencia.

Veo muy probable que Antonio Miguel Carmona entre en el Ayuntamiento de Madrid, porque pronto se jubilará un conserje.

Antonio Miguel Carmona, al hablar en público, ganaría poder de convicción, si estuviera doblado por el Pato Donald.

Son muchos los que piensan, erróneamente, que Antonio Miguel Carmona es ciudadano griego, por ser hijo de Tertulias.

Antonio Miguel Carmona, que se ve ya como alcalde de Madrid, tiene menos gracia que un pingüino en calzoncillos.

Tío Chinto de Couzadoiro 

2 comentarios:

  1. Observo que le tiene igual aprecio al sujeto que un servidor, lo que me sugiere que pueden haber más personas que escucharan las inacabables tertulias donde exhibía sus dotes de humorista. Me he quedado tranquilo porque ahora puedo justificar que, el cambio inmediato de canal de TV cada vez que aparece ese fulano, no se trata de una monomanía.

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  2. Seguro que somos muchos más los que sentimos una gran repugnancia, en cuanto aparece en la pantalla del televisor. ¡Lo encuentro inaguantable!

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