El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

lunes, 31 de agosto de 2015

Lágrimas por Cataluña



       Anoche vi pasar, frente a la puerta de mi casa, la interminable procesión del nacionalismo catalán. Era la triste marcha de miles de ciegos, en busca de la luz prometida que nunca alcanzarán. Cada uno de ellos, apoyaba la mano diestra en el hombre derecho de aquel que le precedía. Iban guiados por el más ciego de todos, de aspecto grotesco, y de nombre Arturo, que, a su frente, se alumbraba el camino, en la negrura de la coche, con un candil apagado.
      Tardaron muchas horas en pasar frente a mí. Los vi alejarse, lentamente, en silencio, con andar cansino, tras los pasos del desalmado que, vilmente, pretende conducirlos a una Falsa Patria.
      Siento infinita compasión por todos ellos. Porque, en su ceguera, siguen un camino equivocado; un camino que, alejándolos de la Verdadera Patria, que desprecian, va derecho al manicomio.

Tío Chinto de Couzadoiro
     

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